Molino de las Rosas

El 15 de mayo de 1892, un nuevo molino harinero se inaugura en nuestra zona y como el de Mayolas, tendría  activa participación en el desarrollo de la actividad agrícola de la región.

Sus propietarios eran, Burón, Salles y Dhers.

La ubicación de molino era sobre una de las márgenes del río Quequen Salado, a 1000 metros  al sur del paso natural  con el mismo nombre, en el parido de Coronel Dorrego.

Su emplazamiento fue muy adecuado, porque utilizaba  como fuerza motriz el agua que corría por ese cauce, tomándola a través de un canal construido a tal efecto y vinculado con la turbina. Dicho canal era de más de 900 metros por 3  de ancho, con varios puentecillos y compuertas que lo comunicaban con el río.  Sobre el cauce del Quequen Salado se levantaron 2 pequeñas represas para poder manejar el nivel del río. Todo el material utilizado en la construcción del complejo harinero fue realizado con elementos del lugar, como la preparación de ladrillos, cal, arena  y principalmente piedra, trayéndose únicamente, por tren,  el  hierro y madera.

El establecimiento fue montado con todos los adelantos de la actividad molinera de aquella época, con aparatos mecánicos y automáticos de avanzada, para comenzar elaborando unas 90  bolsas de harina por día.  Cilindros de porcelana, turbinas, dinamos, un imán de gran potencia que limpiaba al trigo de toda impureza de alambres, clavos etc.

También contaba con tres embolsadoras para distribuir las tres clases de harina que se elaboraban (marca O. E. P.) y una cámara de aire para ventilación de las sémolas, eran parte de los bienes instalados. El edificio del molino tenia 25  metros de largo, por 12 de ancho y 16 de alto, en dos plantas; el depósito, mas o menos de las mismas dimensiones, permitía el acopio de 9000 bolsas de trigo y 3000 de harina, frente a ellos

se construyeron oficinas y viviendas servidas con luz  eléctrica producida por el mismo río. En un momento la producción había alcanzado a 13 mil bolsas de harina, que se remitían para su embarque a las estaciones de Irene y Cascallares, distantes a 5 y 8  kilómetros, respectivamente.

En cuanto a los dueños, cabe consignar que Burón era el propietario del campo “La Rosa del Sud”; Julio Dhers abandono la firma del molino 1895, y Salles había actuado como juez sustituto del partido de Tres Arroyos en 1878-79, en tanto que en 1885 fue protagonista de un conflicto con la autoridad municipal por que en el “paso del Médano”, camino obligado para transitar hacia Bahía Blanca,  había colocado una cadena obstruyendo la circulación y dejando lugar cuando se pagaba el pasaje.

Hoy recorriendo las ruinas de este complejo harinero podemos observar todavía en pie las dos torres de dichos molinos distantes entre si de 130 metros y construidos totalmente con las piedras del lugar, tipo pirca,  con la salvedad que posee  entre ellas mezcla; los canales, algunas paredes de las instalaciones, corrales, compuertas, puentes,  y en el cauce del río restos de las dos represas.

Desde lo alto de las grandes barrancas también podemos observar como corre el río de manera encajonada, en ese sector,  las hermosas cascadas, la transparencia de las aguas y el remanso de un afluente cercano  poblado de cisnes y patos.

recopilación datos Carlos H  Keller


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Fecha de publicacion : 5 de octubre de 2017 @ 1:19 am